A LA MUSICA

A la Música no es sólo el fortuito título que Kazuya Sakai ha encontrado para presentarnos sus últimas obras, sino que de hecho es una fórmula que representa la presencia real de la música en todo lo que él hace. Al revés de la mayoría de los artistas para quienes la música ha sido, cuando más, un “telón de fondo” a su actividad creadora, en el caso de Kazuya Sakai podemos decir que él literalmente “compone” sus cuadros como un músico compone sus partituras. Si se le pregunta a este pintor cuál hubiera sido su más íntimo deseo, probablemente confiese sus titubeos que quisiera haber sido músico –un compositor agregaría- porque primariamente está interesado sobre todo en la creación de la obra musical y no sólo en su interpretación.

Si se miran sin prejuicios las recientes vastas obras de Kazuya Sakai (o aún sus pequeñas serigrafías) se descubrirá siempre una especie de perpetuum mobile musical: ritmo, color, elegancia de la solución; aquí todo nos recuerda el “otro mundo”, el del sonido, del cual este artista parece extraer su más honda inspiración.

Estas fluidas rayas paralelas atadas en manojos de brillantes colores que prosiguen juntas sus senderos rectos o curvos, nos recuerdan también el desarrollo de un tema musical. Esas bandas penetran en el cuadrado o rectángulo básico del cuadro como un instrumento solista irrumpe en el silencio de la orquesta y después de trazar sus complejas y puras piruetas contra un fondo de color intenso, desaparece abruptamente o prosigue su aventura en el próximo panel si el artista así lo ha decretado. Porque –como en cierta música de vanguardia que él admira- Kazuya Sakai “programa” sus composiciones de manera que puedan ser combinadas libremente en arreglos que corresponden –punto por punto- a los que los más audaces practicantes de la Nueva Música producen hoy. El ejecutante –o el espectador en este caso- no debe, pues, ser considerado como un elemento pasivo sino que contará con la libertad necesaria (si se sintiera inspirado) para desarrollar las prácticamente infinitas posibilidades que el artista –pintor o músico- le ha preparado, casi como un desafío a su imaginación y fantasía.

Estos son hechos y no solamente suposiciones. Es quizá importante saber que Kazuya Sakai es, en realidad, un experto en Jazz y Nueva Música, formas de expresión contemporáneas que ha estado divulgando todos estos últimos años a través de sus programas por Radio Universidad y Radio Educación, en la Ciudad de México. Refiriéndose al avanzado tipo de música que le interesa, Kazuya Sakai admite que, tanto en los Estados Unidos como en México, ella puede ser escuchada, sobre todo, en exposiciones, galerías públicas o privadas, más que en salas de conciertos o a través de la radio. Este sería otro ejemplo de hasta qué punto las investigaciones de vanguardia, tanto en música como en las artes plásticas, siguen hoy un camino paralelo en nuestro mundo contemporáneo.

En estos tiempos en que la obra de arte parece consistir más que nada en la “idea de la obra de arte” y no tanto en la obra pintada o esculpida per se, es reconfortante para el espectador deleitarse en los perfectos, brillantes, inesperados “lazos” y “nudos” de estos cuadros que se inscriben, nítidos, contra campos lisos y monocromos. Igual que la pura caligrafía de una aguda trompeta cuando se perfila intensa contra la quietud y el silencio de la noche.

Damián Bayón

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